Esta singular raza canina -que hace unas décadas estuvo al borde de la extinción- hoy habita algunos de los lugares más importantes e históricos de Perú. Esto es así gracias a que en el año 2000 el gobierno declaró a los perros sin pelaje parte del patrimonio cultural nacional.

Un año después, el gobierno anunció que al menos un perro de esta raza -también llamada Viringo Peruano, tenía que vivir en cada uno de los museos arqueológicos a lo largo de la costa peruana.

El objetivo, asegura la arqueóloga de Huaca Pucllana, Mirella Ganoza, era recuperar un pedazo de cultura peruana antes de que se desvaneciera por completo: «Lo que comenzamos a darnos cuenta es que tenerlos aquí era tener algo propio», dice ella. Asimismo, señala que esta «Es una forma de mostrar nuestra identidad».

El llamado Viringo Peruano aparecía con frecuencia en las pinturas, la cerámica y la iconografía de las culturas inca, moche, wari y chimú, siempre retratado como compañero y tan calvo como un águila.

Los criadores los llaman «perros primitivos» porque se encuentran entre un pequeño conjunto de razas cuyas características genéticas no han cambiado durante miles de años de existencia.

Tanto es así que, incluso, se ha llegado a decir que son «tan importantes como Machu Picchu» para la cultura peruana.

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