En julio de 1964, la casa de don Fernando Seminario y Jaime, abuelo de Miguel Grau, se convirtió en un museo que acogía a los turistas y ciudadanos que quisieran conocer las reliquias que alberga la casa.

En un principio dicho establecimiento consistía en dos plantas, sin embargo el terremoto de 1912 provocó el desplome de dicho edificio.

En 1982, lograron recuperar muchos objetos de valor, piezas auténticas y muebles de origen europeo, sin embargo la mayoría de cosas requirió una restauración sistemática, incluyendo el edificio, todo esto a cargo de la Marina de Guerra del Perú.

Entre los objetos descubiertos, encontraron enterrada una pieza singular e interesante. Se trataba de una especie de muñeca con cabeza y cuello de metal con dorso de madera. Se pensó que tal vez podría haber sido algún santo de veneración familiar, un maniquí o una muñeca perteneciente a algún integrante de la familia Seminario.

Así como cualquier otro objeto, fue puesta una vitrina para su exhibición. Sin embargo, poco después de la llegada de este raro artefacto, los pisos de madera empezaron a crujir de madrugada, sonidos extraños como alaridos surgieron entre los pasadizos bañados en luz tenue. Los marinos jóvenes que tenían la labor de vigilar las instalaciones de la casa Grau atemorizados corrieron hasta la salida, al invadirles el miedo.

Al día siguiente, las autoridades responsables de la administración de la Casa Museo investigaron los sucesos paranormales sin éxito. Las noches sucesivas fueron aún peores: risas de madrugada, pasos fuertes, ruidos extraños, las luces apagándose y encendiéndose, las ventanas abriéndose y cerrándose solas; por lo que se alarmaron los marinos nuevamente.

Después de estos acontecimientos, la administración decide acudir a la ayuda de un espiritista experto en actividades paranormales y, luego de una sesión de rutina, aseveró que la responsable era el espíritu de una niña alojado en el cuerpo metálico-madero de la muñeca, denominado “Annabelle”, haciendo referencia a la muñeca que inspiró un largometraje.

Asimismo, al día siguiente encontraron huellas de unos siete centímetros de largo en los pasillos de la Casa Grau, esa noche al parecer después de la limpieza espiritual, el ente abandonó el cuerpo de “Annabelle”, sin embargo ella sigue siendo materia de exhibición en el museo Casa Grau.

Fuente: Noticias Piura 3.0

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